¿Vives en una casa enferma?
Descubre sus síntomas y las causas
que convierten a tu hogar en un verdugo invisible
Síndrome de la casa enferma: cuando tu hogar se convierte en tu enemigo
Índice de contenidos
Tu hogar es como un ser vivo
Puedes pensar que tu casa es una estructura inerte, inanimada, sin emociones ni necesidades vitales.
Sin embargo, tu casa posee comportamientos que se asemejan, más de lo que pensamos, a los de algunos seres vivos como las personas.
Tu casa nace, crece, evoluciona, te emociona, te conforta, envejece… y también puede enfermar.
En un estado ideal, tú y tu casa vivís en harmonía, en un estado de simbiosis que os beneficia a ambos. Tú la mantienes saludable y ella te mantiene saludable a ti.
Ganáis los dos. Win-Win.
Pero en determinadas circunstancias, tu casa puede convertirse en un parásito y ser un foco generador de malestar e incluso de enfermedades.
Si llegas a este punto, es hora de actuar para recuperar la salud de tu hogar.
Cada día que pases tú y tu familia viviendo en una casa enferma, es un día que suma a la acumulación de malestar.
En una casa enferma, tú eres la víctima y el verdugo.
Actúa a tiempo sobre tu vivienda y ganarás en salud y bienestar
Qué es una casa enferma: el hogar que ha perdido las ganas y los medios para cuidarte
Se puede decir que un edificio está enfermo cuando sus condiciones de habitabilidad influyen negativamente en la salud de sus ocupantes.
Como mínimo, una casa no debería provocar ningún perjuicio a nuestra salud.
Pero, aún cuando nuestro hogar no sea causa de una enfermedad, sí que puede contribuir a agravar los síntomas y consecuencias de enfermedades previas.
El conocido como “Síndrome de la Casa Enferma” afecta a miles de hogares en nuestro país y se ceba con la salud de sus inquilinos sin piedad.
Damos por hecho que nuestro hogar es un lugar seguro, que no nos causa ningún daño.
Pero lo cierto es que existen casas enfermas que enferman a sus habitantes de una forma callada e invisible.
Su forma de atacar a nuestra salud es a través de condiciones de habitabilidad precarias y/o insalubres.
Es hora de que examines tu vivienda con ojos críticos y busques indicios sobre posibles patologías en tu vivienda.
Sigue leyendo y encontrarás pistas para guiarte en tus indagaciones.
Deberíamos vivir en un hogar que cuide de nuestra salud, que no nos provoque enfermedades e, incluso, que contribuya a la mejora de nuestras dolencias
Qué síntomas tiene una casa enferma: tu casa te grita, escúchala
Tienes que entender que cuando una casa está enferma, sufre.
Su sufrimiento se expresa a través de su deterioro continuo y su falta de vitalidad.
En realidad, una casa enferma se parece mucho a una persona enferma: desganada, apagada y decaída.
Igual que con nuestras propias enfermedades, los síntomas nos alertan de que algo no va bien.
Debemos prestarles atención y actuar para que el malestar que sufrimos no se convierta en un problema mayor.
Y con nuestra vivienda sucede exactamente lo mismo.
Sus dolencias también se expresan a través de síntomas.
Debemos estar atentos a las señales que nos envía nuestra casa para detectar con tiempo suficiente las patologías que la están dañando.
En este punto me gustaría señalar que – como se ha construido tan mal en nuestro país – seguramente muchas de las viviendas que existen hoy en día, desgraciadamente, ya han “nacido enfermas”.
Estas viviendas con problemas congénitos se han construido sin los elementos constructivos mínimos para garantizar un confort saludable en su interior.
Es por esta razón que sus habitantes han normalizado ciertas condiciones de habitabilidad insanas – como la humedad, demasiado frío en invierno o demasiado calor en verano.
Nunca se han planteado que estas condiciones no deberían ser las apropiadas.
De esta forma, han convivido a lo largo de años en casas con una salud bastante deficiente y ya no perciben como anormales las señales de auxilio que les grita su vivienda.
A continuación, te hablaré de los principales síntomas a los que debes prestar atención para juzgar si tu vivienda está enferma y necesita que la cures.
Tus plantas de interior no sobreviven
Cuando tus plantas de interior se secan demasiado rápido y aparecen mustias y sin vida es una señal de que algo no va bien.
Por más detallista que seas en su cuidado y por más atención que les prestes, no eres capaz de conseguir que tus plantas se mantengan verdes y sanas.
Y no hay nada más deprimente que una maceta con una planta seca en la ventana.
Está pidiendo auxilio porque sabe que lago no va bien en casa.
Siempre hay algo que se rompe o se estropea
Una casa enferma puede parecer una casa llena de espíritus malignos que juegan a romper y estropear todo lo que pueden, volviendo locos a sus habitantes.
Y es que parece cosa de fantasmas que siempre haya algo que se necesita cambiar o arreglar.
Muebles deteriorados, aparatos eléctricos que ya no funcionan, puertas y vidrios rotos, problemas con las cañerías… la lista sigue hasta el infinito, porque el deterioro de una casa enferma nunca se para.
Tu casa envejece mal, el tiempo se ceba con ella
Una casa antigua bien conservada no parece “vieja”, pero una casa con pocos años y llena de patologías constructivas parece más vieja de lo que es.
La impresión que da una casa con manchas de humedad, mohos en paredes, pintura desconchada o goteras es muy precaria, y desde luego, no invita a quedarse a tomar café.
Si tu casa ha llegado a este estado de deterioro es importante que la rehabilites cuanto antes, porque vivir en un entorno así supone un foco de problemas de salud garantizados.
También es de vital relevancia realizar un adecuado mantenimiento de la vivienda para no llegar a extremos insalubres de habitabilidad.
Falta de comodidad en tu propia casa
Reconócelo.
Si sufres una casa enferma sabes que prefieres estar en cualquier sitio antes que entre sus cuatro paredes.
Retrasas la hora de volver a tu hogar, no quedas con amigos en casa, si puedes haces planes en otro sitio…
Y todo porque tu casa no es un lugar confortable, donde puedas relajarte a gusto y disfrutar de una buena compañía o una sesión de cine en el salón.
Si ya no tienes ganas de estar en tu propia casa, si la evitas constantemente, es hora de dar un cambio y hacer las paces con ella.
Quizás tu casa necesite una nueva disposición de muebles, repensar la decoración, colocar unas cuantas plantas o pintar las paredes…
Pero, sin duda, una casa poco confortable huele a “necesito una rehabilitación energética YA”.
"Fauna" no deseada en tu vivienda
Es inevitable recibir la visita – de vez en cuando – de ciertos “animales” que han decidido tomar nuestra casa como refugio.
Todos hemos encontrado alguna araña en casa o algún insecto e, incluso, muchos se han topado con algún pequeño roedor corriendo por su vivienda.
Ante estas “visitas puntuales y esporádicas” de animales no hay que preocuparse.
Especialmente, si vives en una casa rodeada de jardín o campo, ya sabes, es muy difícil poner puertas a la naturaleza.
Sin embargo, si estas visitas se vuelven muy frecuentes y se convierten en estancias prolongadas, está claro que en tu casa existe algún problema de “fauna indeseable” que es necesario solucionar cuanto antes.
Los animales más comunes que “adoran” los ambientes domésticos son los insectos – como polillas, ácaros y cucarachas – y los roedores como los ratones.
Para evitar estos intrusos debes mantener tu vivienda bien limpia, evitar acumular basura – especialmente la orgánica – y eliminar las humedades de cualquier rincón.
A los bichos les encanta la humedad y, en verano, con el calor; tienden a multiplicarse al encontrar las condiciones idóneas de humedad y temperatura.
En cuanto notes la presencia de estos bichos en casa, actúa con prontitud, para que tus pequeños inquilinos no se conviertan en una plaga insufrible.
Qué dolencias sufre una casa enferma: razones por las que has llegado a odiar tu casa
Una casa no se pone enferma de la noche a la mañana, sino que sufre un deterioro continuo y constante a lo largo de meses e incluso años.
Las causas de sus padecimientos pueden ser muy variadas, pero las más habituales son las siguientes:
Ventilación interior deficiente
Una casa saludable debe respirar cada día, o si no, su aire interior se vicia y afecta a la salud de sus habitantes.
Debes dejar que el aire fresco del exterior circule por toda la casa abriendo ventanas o mediante un sistema de ventilación mecánica.
Las estancias que permanecen cerradas por mucho tiempo producen malos olores, moho y humedad, por eso es tan importante ventilar cada día y renovar el aire interior.
Presencia de humedades
El exceso de humedad en nuestra vivienda es causa de muchos problemas para la salud, afecta especialmente a las vías respiratorias y a los huesos y articulaciones.
Esto se debe a que la humedad constante favorece el crecimiento de hongos y mohos que liberan esporas al aire que respiramos.
Además, un contenido de humedad inadecuado también causa el deterioro de muebles e instalaciones domésticas y disminuye el confort de la vivienda.
Es necesario identificar y diagnosticar los tipos de humedad en la vivienda (accidentales, por capilaridad, por condensación o por filtración) y solucionarlas cuanto antes.
Nivel alto de sustancias tóxicas en el aire
Nuestra casa siempre nos parece un lugar seguro que nos mantiene aislados del mundo exterior ruidoso y contaminado.
Sin embargo, el aire interior de nuestra vivienda puede estar hasta 10 veces más contaminado que el del exterior.
Si te has recuperado del bajón de la noticia, sigue leyendo y te cuento cómo el aire de nuestra casa puede llegar a convertirse en un cóctel de tóxicos para nuestras vías respiratorias.
Este exceso de tóxico en el aire puede llegar a provocarnos alergias, asma o bronquitis.
La lista de contaminantes del aire interior de tu casa es bastante larga y desoladora y requiere que prestes atención a las fuentes que los originan.
- Humo de tabaco: si sois fumadores, es mejor fumar fuera de casa y no permitir que nadie fume en vuestro hogar.
- Materiales de construcción: los materiales empleados para construir vuestra vivienda pueden contener sustancias químicas que produzcan impactos perjudiciales en la salud y lleguen al aire por volatilización.
- Materiales de acabado de interiores: aquí se engloban materiales como pinturas, barnices, ceras, alfombras, suelos… que desprenden en su gran mayoría COV (Compuestos Orgánicos Volátiles).
- Gases de combustión del interior de la casa: si tienes una chimenea de leña o carbón, los gases expulsados durante la combustión también son perjudiciales.
- Polvo: el polvo está formado por células muertas de la piel, pelo, heces de ácaros, bacterias, virus, moho, insectos pequeños y otras fibras.
- Productos de limpieza: todos los productos de limpieza que no son ecológicos contienen sustancias químicas que pueden ser potencialmente tóxicas.
- Pesticidas para tratar plantas: si tienes plantas de interior en casa evita tratarlas con pesticidas químicos que – podrían curar la planta – pero enfermarte a ti.
- Gas radón: este gas radiactivo y altamente cancerígeno (segunda causa del cáncer de pulmón después del tabaco) se encuentra en algunas rocas del subsuelo compuestas de uranio y puede ascender desde el terreno hasta la parte inferior de las viviendas y extenderse por toda la casa.
Tu casa está sucia y desordenada
La suciedad y el desorden es una manifestación de una casa enferma y también de unos inquilinos bastante descuidados.
El orden es primordial para crear espacios diáfanos maximizando su utilidad, pero también para evitar el amontonamiento de objetos y la acumulación de polvo.
La limpieza frecuente evita la acumulación de desechos y la proliferación de insectos, hongos y bacterias, entre otros.
Además, una casa sucia y desordenada es responsable de “contaminación visual”.
No es agradable ver una casa con platos sin lavar, polvo acumulado en muebles, ropa tirada por el suelo, cosas tiradas en cualquier rincón…
Sin duda, una casa limpia y ordenada es el primer paso para una casa con salud.
Decoración estridente, saturada o inexistente
Aunque ahora está de moda el diseño de interiores, nunca a nadie se le ha pasado por la cabeza que una decoración “inadecuada” pueda pasar factura a nuestra salud.
Quizás no le prestes demasiada atención a cómo está decorada tu casa, pero lo cierto es que, todo lo que tienes en casa y cómo lo tienes, influye en tu estado de ánimo.
El aspecto de tu casa y cómo la organizas tiene un gran impacto tanto en tu salud física como emocional.
Una casa “atiborrada” de cosas no es un buen ambiente para que fluya el aire, la energía y las emociones.
No hace falta que el interior de tu casa se parezca a la portada de la revista “El Mueble”, pero sí que deberías tener en cuenta ciertos aspectos básicos.
Como por ejemplo, utilizar colores claros y neutros en las paredes y no atiborrar las estancias de muebles y objetos decorativos, para evitar empequeñecer los espacios y que las habitaciones respiren.
Además, sería recomendable que aportes tu toque personal al interior de tu hogar con objetos decorativos como cuadros, lámparas, jarrones, figuras o cojines que expresen tus gustos y sean inspiradores.
Iluminación deficiente
Una casa enferma es una casa sin luz, sobre todo, sin luz natural.
La oscuridad – exceptuando las horas de descanso nocturno – afecta negativamente al estado de ánimo y salud emocional de las personas, pues disminuye la producción de serotonina, un neurotransmisor que regula el estado de ánimo.
Una casa con poca luz puede convertirse en una casa insegura, pues puede aumentar el riesgo de caídas, tropiezos y accidentes domésticos.
Es muy importante que la casa cuente con luz natural suficiente a través de ventanas al exterior.
La luz artificial debe ser adecuada en color y intensidad a la función de los espacios y es recomendable utilizar luminarias LED.
Radiación electromagnética en exceso
Es un hecho que existe la radiación electromagnética casi en cualquier parte donde vayamos – tanto fuera como dentro de nuestra casa.
La Organización Mundial de la Salud ha marcado unos límites de exposición entre los 0 Hz y los 300 GHz (las unidades de medida se basan en la frecuencia de la onda electromagnética), que se consideran “aceptables”.
Los niveles de radiación medidos en los hogares suelen estar siempre bajo el umbral de los estándares marcados por Europa.
Pero sí es verdad que hay personas con alta sensibilidad a este tipo de radiación que notan sus efectos, incluso con valores muy bajos de exposición.
La radiación electromagnética se relaciona con algunas afecciones del sistema nervioso e inmunológico, e incluso con la aparición de algunos tumores como la leucemia.
Debido a ello, no está demás que tomes unas medidas mínimas para evitar una alta concentración de radiación electromagnética en tu vivienda.
Las radiaciones electromagnéticas pueden proceder del exterior de nuestra casa – con las problemáticas líneas de alta tensión o las antenas de radio y TV – o del interior – con la instalación eléctrica doméstica o los electrodomésticos -.
Así que es importante mantener la instalación eléctrica de nuestro hogar en correcto estado, así como los electrodomésticos que usamos.
Consecuencias de vivir en una casa enferma: el descenso de tu bienestar hacia los abismos
Llevamos un estilo de vida en el que hemos normalizado ciertas molestias y dolencias como insomnio, dolores de cabeza o fatiga.
Asumimos que nuestro malestar crónico se debe a nuestro nivel de estrés o ansiedad, debido al ritmo acelerado de vida al que nos hemos acostumbrado.
Sin embargo, la causa de nuestros males no siempre se deriva de lo apresurada de nuestra rutina diaria.
Incluso gente tranquila y sin estrés, sufre problemas de descanso y migrañas u otras patologías que tienen su origen en el lugar más insospechado: su casa.
Si no vives en una casa sana, a lo largo del tiempo puedes sufrir las consecuencias de sus dolencias a través de problemas de salud.
Puedes pensar que lo que le pasa a tu casa no tiene por qué repercutir de forma tan drástica en tu estado de salud, al fin al cabo, es sólo una casa, no la central nuclear de Chernóbil.
Sin embargo, no te has parado a pensar en los dos factores más importantes a tener en cuenta para cuantificar el impacto de una casa enferma sobre tu organismo.
- La frecuencia de exposición: sean cuales sean los problemas de salud que tenga tu vivienda y su nivel de intensidad, tú estarás en contacto con ellos cada día de tu vida y durante bastantes horas diarias.
- El efecto acumulativo: cada impacto negativo sobre tu organismo debido al mal estado de tu vivienda se acumulará a lo largo de tu vida. Quizás no notes un perjuicio a tu salud hasta después de años, cuando esta acumulación alcance un nivel patológico, e irreversible en muchos casos.
Al final, la gravedad de vivir en una casa enferma se debe a la conjunción de estos dos factores.
Aunque el elemento causante de una patología sea insignificante en un caso puntual, si te expones a él cada día de tu vida, provocará daños importantes en tu salud.
No es una broma: una casa enferma provoca problemas de salud constantes
La señal principal que debe alertarte sobre la salud de tu vivienda es tu propio estado de salud.
Normalmente en una casa enferma la calidad del aire no está en buenas condiciones y afecta a la salud respiratoria de sus ocupantes.
El exceso de polvo y humedad son el cóctel perfecto para desarrollar o agravar patologías del sistema respiratorio.
Un exceso de radiación electromagnética puede provocar problemas del sueño, fatiga y dolores de cabeza.
La falta de luz natural influye en nuestro estado de ánimo.
La presencia de ciertos tóxicos en el ambiente pueden ser causa de hipersensibilidad química y enfermedades cutáneas.
Una casa enferma puede provocar a sus ocupantes los siguientes trastornos en la salud:
- Afecciones de las vías respiratorias como tos, congestión nasal, asma o sinusitis.
- Alergias.
- Dolores de cabeza frecuentes.
- Fatiga y falta de vitalidad.
- Insomnio y dificultad para conciliar el sueño
- Irritación de ojos, nariz y garganta.
- Erupciones y rojeces cutáneas
- Cambios en el estado de ánimo y depresión.
- Problemas digestivos como náuseas o diarrea.
- Falta de concentración y problemas de memoria.
- Desarrollo de tumores.
Si sufres alguno de estos problemas de salud no debes culpar únicamente al estado de salud de tu casa, pero tampoco debes descartar esta posibilidad.
Investiga todas las opciones y actúa sobre los factores que consideres más decisivos. Después valora si existe mejoría de tu estado de salud.
Hay que ser conscientes de que no todas las enfermedades ni achaques tienen su origen en nuestra casa.
Pero debemos desconfiar del techo que nos acoge si padecemos, de manera frecuente y persistente, algunas de las anteriores dolencias y, además, verificamos que nuestra vivienda sufre los síntomas de una casa enferma.
También hay que tener en cuenta que los síntomas de una casa enferma se manifiestan de forma diversa en diferentes personas. Los niños, ancianos y personas de salud débil sufrirán más sus consecuencias.
También hay que valorar que su frecuencia e intensidad dependen de la fuente que provoque el malestar.
Cómo devolver la salud a una casa enferma: terapias de choque para un hogar sin vida
¿Y cómo se cura una casa enferma?
Igual que con una persona enferma, a una casa enferma se le realiza un diagnóstico teniendo en cuenta sus síntomas. Y después se le prescribe un tratamiento considerando las causas que le provocan sus patologías.
Es verdad que algunos “tratamientos” requieren importantes recursos económicos como la realización de una rehabilitación energética total de la vivienda.
Pero también existen muchas acciones sencillas que puedes realizar para mejorar la salud de tu casa cada día.
Te muestro algunas actuaciones sencillas que deberías llevar a cabo en tu casa para mejorar su estado de salud:
Ventila cada día tu vivienda
Abre cada día las ventanas (esto no es necesario si tienes instalada ventilación mecánica) para dejar entrar el aire fresco y renovar el aire interior.
Esta simple rutina tiene muchos beneficios para tu casa: elimina tóxicos del ambiente, deja pasar la luz natural hacia el interior de la casa y regula la humedad interior.
Ilumina tu casa con luz natural
Deja que el sol entre en casa y te ilumine el día.
No mantengas persianas bajadas o cortinas corridas mientras haya luz en el exterior, aprovecha al máximo la beneficiosa luz del sol.
Tira, dona, vende o recicla lo que ya no necesites
Seguro que tienes en casa muchas cosas que no utilizas ni tampoco necesitas.
Es hora de analizar tu casa con un “detector de cosas innecesarias” y darles un mejor destino. Lo que está muy inservible se tira, lo que está en buenas condiciones se dona y lo que puede tener otro uso se recicla.
Acumular cosas en exceso no es bueno ni para nuestra casa ni para nuestra mente, pues ocupan demasiado espacio en ambas.
Libérate del yugo del materialismo enfermizo y despréndete de aquello que ya no te aporta nada útil ni positivo en tu vida.
Arregla lo que está roto o cámbialo
Es hora de realizar un “parte de desperfectos en tu casa” y ponerse manos a la obra para arreglarlos.
Los electrodomésticos que ya no funcionan se deben reparar o llevarlos a un punto limpio si ya no tienen arreglo.
No dejes tu casa peleándose con grifos que gotean, bombillas fundidas, muebles o vidrios rotos, puertas que chirrían, tuberías que se atascan…
Cada día es un buen día para arreglar algo en casa.
Limpia y ordena tu casa
Ordena todas las habitaciones de la casa (incluido el interior de los armarios) organizando cada cosa en su lugar.
No dejes nada tirado por el suelo ni tampoco “satures” los muebles de cosas. Después, realiza una limpieza profunda de toda la casa (no te olvides de las ventanas, el cubo de la basura, el horno, la nevera…).
Y a partir de aquí organízate para mantener de manera habitual tu casa limpia y ordenada.
Mantén una temperatura y humedad adecuadas en el interior de la vivienda
La temperatura debería rondar entre los 18ºC en invierno y los 24ºC en verano.
La humedad debería encontrarse en un rango del 40% al 60%. Con estos valores tendrás un buen confort térmico en tu vivienda.
Elige lo natural
Si puedes compra muebles y objetos decorativos realizados con materiales naturales como madera o bambú.
Los tejidos de origen natural también son muy recomendables para ropa de cama, toallas, cortinas o alfombras.
Si realizas reformas en casa elige pinturas y barnices libres de tóxicos.
Re-decora tu vivienda con funcionalidad y creatividad
A veces, sólo hace falta cambiar los muebles de sitio, pintar las paredes y añadir un toque de estilo personal con algún objeto decorativo para convertir tu casa en un lugar más acogedor.
Adopta seres vivos verdes
Las plantas de interior ayudan en la producción de oxígeno, a purificar el aire y a reducir los niveles de COV.
Y además, son muy decorativas y ayudan a relajar la mente. Acuérdate de que la naturaleza es como un sedante para las emociones negativas.
Evita la radiación electromagnética en exceso
Reduce la exposición a fuentes de radiación (antenas de telefonía, redes wifi, teléfonos inalámbricos).
Es recomendable incluir desconectadores de corriente en los circuitos eléctricos de nuestra casa o utilizar fibra óptica en lugar de red Wifi.
También se recomienda no dormir cerca de aparatos eléctricos conectados a la red como los despertadores.
Existen también pinturas aislantes contra radiaciones, telas especiales, etc. que pueden amortiguar la intensidad de la radiación.
Realiza un mantenimiento periódico de tu vivienda
Con un buen mantenimiento evitas que tu casa se deteriore y la mantienes en condiciones óptimas de habitabilidad.
Es importante revisar de vez en cuando las instalaciones, los materiales y las estructuras de la casa como cubiertas o cerramientos exteriores.
La salud de tu casa está en tus manos
No podemos olvidar que nuestra vivienda ejerce un papel significativo en la promoción de nuestra salud.
Si estamos enfermos, obtendremos mayor bienestar en una casa sana. Y será más fácil curarnos en ella. Si estamos sanos, nuestra sensación de bienestar se multiplica.
Pero quizás el valor más apreciado de una vivienda saludable es su facultad para NO provocar malestar y/o enfermedad a sus inquilinos.
Mucha gente no es consciente de que vive en una casa enferma.
Una casa que supone un foco continuo de dolencias de diversa índole. Y donde sus habitantes viven con achaques, ajenos al verdugo que los acoge cada día entre sus cuatro paredes.
Así pues, debemos cuidar nuestro hogar para que no nos provoque ninguna enfermedad y que no empeore las que ya padecemos.
Así que te animo a examinar tu casa y valorar si sufre algunos síntomas de casa enferma y averiguar cuáles son las causas de sus dolencias.
Después toca actuar…cuanto antes mejor.
Síndrome de la casa enferma:
tu casa a juicio