Tienes tres casas que cuidar
Si quieres vivir
en un hogar lleno de bienestar
Índice de contenidos
¿Sabías que vives en tres casas?
Cada una de ellas te aporta bienestar
Estarás pensando que no tienes la fortuna de tener tres casas que disfrutar. Quizás a duras penas eres capaz de permitirte mantener una y que tres ya son multitud.
Pero en este artículo no voy a hablarte de las casas que deseas y podrías tener – la casa de la ciudad, la del campo y la de la playa – por ejemplo.
Te hablaré de las tres casas que YA tienes.
La casa donde vives, en realidad, es mucho más que un techo y cuatro paredes.
Posee más dimensiones de las que te has planteado alguna vez.
Y cuando estas dimensiones están en armonía, tu bienestar alcanza su nivel máximo.
Tu casa se compone de tres casas. Tres almas. Tres capas.
La casa física que te cobija.
La casa racional que te ayuda.
La casa emocional que te conforta.
Tu casa encarna el encaje perfecto de tres dimensiones.
La física, la espacial y la emocional.
La casa que tocas, la casa que habitas y la casa que sientes.
Casa física. La casa que tocas
Tu casa física es la casa que puedes tocar y percibir con los cinco sentidos. Es la casa que te da cobijo y te protege del mundo exterior, la que encierra entre sus paredes un espacio que es sólo tuyo.
Tu casa física debe ser robusta, estable y duradera. Debe estar construida con materiales de calidad y ejecutada con esmero, para evitar sufrir desperfectos en un futuro.
Tu casa física debería ser estanca, para aislarte con eficacia de los vaivenes del tiempo meteorológico, con un buen aislamiento y puertas y ventanas de óptima calidad.
Los materiales de construcción – especialmente aquellos que forman parte de los acabados de la casa como pinturas, tarimas o barnices – deben estar libres de tóxicos que contaminen el ambiente interior y perjudiquen la salud de sus ocupantes.
Tus cinco sentidos deben estar a gusto y disfrutar de experiencias agradables dentro de casa.
Tacto
El tacto te agradecerá el roce de materiales y tejidos naturales como la madera, el bambú, el ratán o el algodón.
Oído
El oído sabe disfrutar del silencio en una casa aislada acústicamente y se relaja con el sonido del agua circulando por una fuente de interior o escuchando música agradable.
Vista
La vista agradece el orden y la limpieza de la casa, una adecuada colocación de muebles y objetos y una selección de colores agradable.
Olfato
El olfato obtiene su mayor deleite con los olores que desprende una buena comida en la cocina, pero también le encantan los aromas naturales de limón, canela o eucalipto con los que puedes aromatizar tu casa.
Gusto
El gusto se alegra con la degustación de sabrosas comidas y tu cuerpo agradecerá que, además de sabrosas, sean sanas.
Casa racional. La casa que habitas
La casa racional es la que aporta funcionalidad a tu vida y te ayuda en tu rutina diaria.
La casa racional es la que piensa en el número, tamaño y distribución de estancias, para sacarles el máximo partido y utilidad.
En función de tu situación familiar y personal, tendrás una serie de necesidades que tu casa debería cubrir.
Quizás necesites un comedor grande porque sois una gran familia, o un despacho acogedor porque trabajas muchas horas en casa, o una zona de juegos para los niños o una despensa o cuarto de lavadora.
Puede que tu casa no pueda darte todo lo que necesitas, pero deberá adaptarse, en la medida de lo posible, a tu estilo de vida.
Una casa bien pensada y distribuida te ahorrará tiempo si el comedor y la cocina están comunicados.
Te proporcionará luz natural en el salón y el despacho durante muchas horas si está bien orientada hacia el sur.
Te dará un lugar donde lavar y tender la ropa, te ayudará a bañar al abuelo en una ducha de obra con asiento…
Tu casa racional es el cerebro lógico que decide cómo diseñar el espacio para que sea lo más útil y funcional para tu estilo de vida.
Y esto es especialmente importante cuando el tamaño de la vivienda es limitado y hay que sacarle el máximo partido a cada centímetro cuadrado de superficie.
Entonces, tu casa racional tiene que esforzarse en buscar soluciones flexibles y creativas.
- Acondicionar una oficina improvisada en el salón
- Poner un sofá-cama que sirve como habitación de invitados de emergencia
- Instalar una columna de lavadora-secadora para usar sólo espacio vertical
- Colocar el microondas y horno empotrados para ganar espacio a la encimera
- Usar mesas extensibles que se adaptan al tamaño de los comensales
- Montar escritorios infantiles abatibles para aprovechar el espacio de juego en la habitación de los niños…
Existen tantas posibilidades como necesidades y familias diferentes para diseñar y distribuir una vivienda.
Pero, aunque parezca muy evidente que debemos prestar mucha atención a nuestra casa racional, no es la razón la que se impone, muchas veces, a la hora de elegir mobiliario y distribución de estancias.
Y estas malas decisiones se sufren cada día convirtiendo nuestra rutina doméstica en una carrera de obstáculos.
Así que, piensa primero en tus necesidades y las de tu familia y haz que tu casa se adapte a ti y no al revés.
No conviertas tu rutina en una lucha diaria con tu casa.
Casa emocional. La casa que sientes
Si algo hacemos en nuestra casa, aparte de comer, dormir y limpiar; es VIVIR.
Vivir con todas sus proyecciones y aristas. Vivir con todas sus luces y sombras.
Disfrutar, reír, llorar, agobiarse, alegrarse, estresarse, soñar, hablar, cantar, gritar, lamentarse, superarse, relajarse, divertirse, emocionarse…
Nuestras emociones nos acompañan dentro y fuera de casa, las llevamos en una mochila que puede ser pesada o ligera en función de nuestras circunstancias.
Y no podemos acallarlas o ignorarlas, lo único que podemos hacer es hacerles frente y tratar de serenarlas antes de que nos perjudiquen.
Nuestra casa debe ser un lugar seguro para lidiar con nuestras emociones negativas y evitar sus dañinas consecuencias.
A veces, escapar a la naturaleza nos ayuda a liberar la tensión del estrés o la ansiedad, pues todo lo natural ejerce un efecto tranquilizador sobre nuestro cerebro emocional.
Pero en otras ocasiones, el mundo exterior es más un acicate que un alivio de nuestras tribulaciones y no contribuye a serenar nuestro mundo interior.
En cualquier caso, nuestro hogar es el único rincón que podemos controlar y al que podemos acudir cuando necesitamos una terapia casera para aliviar emociones negativas.
Una casa emocional es aquella que crea empatía con sus ocupantes y es capaz de serenar sus emociones nocivas en un espacio seguro y agradable.
Existen muchos elementos en tu casa que influyen en tus emociones y en tu estado de ánimo, y si los cuidas, podrás mejorar tu estado de bienestar emocional en tu hogar.
La luz natural te insufla dopamina a raudales, las plantas te calman y serenan, una decoración cuidada te motiva y te relaja, una casa ordenada y limpia invita al descanso y al relax…
Debes crear un ambiente interior en tu hogar que se convierta en tu aliado en los malos y buenos momentos.
Tu hogar debe actuar como un escudo donde apaciguar tus emociones negativas y como un amplificador para reforzar tus emociones positivas.
La clave de tu bienestar: la armonía
Ahora ya sabes que tienes tres casas que cuidar, y que cada una de ellas tiene su función sobre tu bienestar.
No descuides la atención de ninguna de ellas, porque si cualquiera de las tres no está bien, las otras dos también se resentirán.
Tus tres casas funcionan en armonía y, cuando las tres están en un estado óptimo, el resultado sobre tu bienestar es mucho mayor que la suma de las tres partes.
Es necesario construir y mantener una casa física fuerte que te proteja y te ofrezca un buen confort interior.
Es importante diseñar una casa racional que cumpla con tus necesidades vitales y también crear una casa emocional que mejore tu estado de ánimo.
Tus tres casas ya están listas para darte un hogar saludable y lleno de bienestar.
Tus tres casas te ofrecen las condiciones de habitabilidad óptimas para desarrollar una vida doméstica en plenitud de bienestar.
Tienes tres casas que cuidar y disfrutar