Soy Jose Iglesias, el aparejador.
Y mi hábitat natural es la obra
Con el hormigón en las venas
Mi nombre es Jose Iglesias y soy Arquitecto Técnico de profesión.
Es lo que toda la vida ha sido un aparejador y es así como me gusta definirme.
Quizás fuese pura casualidad, o un premonitorio guiño del destino, que mi primer recuerdo infantil – a los tres años – fuese la cimentación de la casa de mis padres.
Tengo todavía en mi cabeza la imagen de un gran agujero abierto en el terreno lleno de amasijos de hierro y hormigón.
Puede que debido a esta experiencia temprana, supe desde niño que quería dedicarme a esto de construir casas.
Pero entonces no sabía exactamente el “cómo” podía hacerlo.
Finalmente, quiso el destino y la nota de selectividad, que acabase en la carrera de Arquitectura Técnica en la Universidad de A Coruña.
Y allí mi verdadera vocación salió a relucir con fuerza desde ese lugar escondido en la infancia.
Primera lección: busca más allá de lo establecido aunque te traten como un chalado
Terminé la carrera en el año 2004 y tuve la suerte de empezar a trabajar antes de obtener el título, pues aún me quedaba presentar el Proyecto Final de Carrera.
Para mí, un chaval de 24 años recién salido del horno de la universidad, fue una gran ilusión conseguir mi primer trabajo sin haber terminado de manera «oficial» la carrera. Eran otros tiempos.
Así que empecé a trabajar como jefe de obra en la construcción de un edificio en Vigo al mismo tiempo que sacaba adelante mi proyecto final de carrera para obtener la titulación de Arquitectura Técnica.
Si fuese “listo” y avispado como otros compañeros de clase, habría hecho mi proyecto sobre las temáticas “fáciles” imperantes en aquel momento en los “proyectos para salir del paso”.
Un pabellón de deportes, el cambio de una cubierta, un estudio de seguridad y salud… habrían servido para no complicarme la vida y conseguir el ansiado “papelito con la firma del Rey de España”.
Pero como yo era «torpe» y curioso, decidí hacer mi proyecto sobre algo que por aquel entonces no se escuchaba mucho en construcción, pero que a mí me atraía sobremanera.
El título de mi proyecto fue: “Construcción Sostenible”.
Después de haber cursado todas las asignaturas de la carrera yo sentía que tenía que haber “algo más” en el mundo constructivo.
La construcción como nosotros la aprendimos era conservadora y estaba algo desfasada con los nuevos enfoques que estaban surgiendo en Cataluña y otras partes de Europa como Alemania.
Después de mucho esfuerzo y muchas semanas de insomnio por fin acabé el proyecto.
Tres tomos más pesados que una losa en los que hablaba sobre materiales de construcción sostenibles, arquitectura bioclimática, eficiencia energética, impacto ambiental y reciclaje de residuos constructivos.
El tribunal que tuvo que evaluar mi proyecto no entendió mis intenciones, y lo que es peor, no entendió para nada el propósito del proyecto.
Los tres académicos que componían el tribunal escucharon con cara de póker a un chico de veinticuatro años hablar sobre ventanas de doble vidrio, paneles solares y Passivhaus.
Mis palabras chocaron contra un muro de absoluta indiferencia (e ignorancia).
Sólo recibí por respuesta su negacionismo y su desdén.
El final de la facultad y de una era
Aquellos tres prestigiosos profesores que juzgaron mi proyecto sólo eran técnicos domesticados en aulas y despachos, bastante alejados de la construcción del presente y a años luz de la construcción del futuro cercano de la que yo les hablaba.
Mi nota fue un miserable (y a mi parecer inmerecido) “aprobado”.
Aquella nota me dolió en el alma.
Porque me sentí como un “expatriado” de aquella Facultad donde había encontrado la vocación de mi vida. Y que ahora me “castigaba” por querer “salir del tiesto” de la construcción convencional.
Era el año 2004.
Tuvieron que pasar casi dos décadas para que algunos de los conceptos de los que hablé aquel día se estén implantando ahora en el mundo de la construcción de manera obligatoria.
Segunda lección: trabajar, observar, aprender, desaprender y cambiar… y seguir siendo un chalado
Después de esta “cura de realidad” seguí trabajando muchos años en obra y en un estudio de arquitectura.
Tuve la suerte o la desgracia de empezar mi periplo profesional en los últimos años “buenos” de la construcción.
Eso fue justo antes de que explotara la burbuja inmobiliaria y la crisis del 2008 mandase al paro a la mitad de los trabajadores del mundo de la construcción (entre los que me incluyo).
Al estar al pie del cañón en la obra, comprobé de primera mano cómo se construía en nuestro país.
Y no me convencía del todo…
Era consciente de que todavía quedaban muchas cosas por mejorar y que yo tenía mucho por aprender.
Siempre digo que en España se construyó mucho y mal.
El sector de la construcción se centró en construir casas para vender y no para vivir y disfrutar. Importaba más la rapidez y la rentabilidad que el resultado final.
Y de aquellos polvos vinieron estos lodos…
Muchas viviendas sufrieron una mala ejecución con problemas de grietas, humedades, condensaciones…
Cuando llegó la dichosa crisis de la construcción a mí me pilló de pleno, con empresario a la fuga y nóminas impagadas.
La precaria situación en aquel momento me llevó a ser autónomo y hasta hoy he sido mi propio “jefe”.
Mi propio jefe, mi propio criterio
Aunque trabajar por cuenta propia tiene muchas cosas negativas – sobre todo al principio – por lo menos pude enfocar las obras con mi propio criterio y aconsejar a mis clientes sobre las mejores opciones constructivas.
Muchas veces fui en contra de los criterios del proyectista o la constructora, pero mi deber siempre ha sido defender los intereses de mis clientes y conseguir la mejor vivienda posible para ellos.
Ahora trato a cada vivienda como un bebé, la cuido y la mimo al detalle para que crezca “sana” y pueda ser un buen hogar para sus propietarios.
Mi pasión: ayudar a crear hogares confortables, funcionales y eficientes
Desde el principio, mi gran batalla fue con la mejora de la eficiencia energética de los edificios, un aspecto bastante deficiente en nuestro país.
Realicé varias formaciones en eficiencia energética en construcción y también me saqué las credenciales para ser Director de Obra de Casas Pasivas.
El Código Técnico de la Edificación (CTE) – la biblia del mundo constructivo – era muy conservador en el tema de la eficiencia, y yo siempre aconsejaba a mis clientes a hacer más de lo que marcaba la norma.
Porque sabía que su calidad de vida en la vivienda mejoraría de una forma bestial y, al fin y al cabo, una vivienda es para toda la vida.
No fue hasta el año 2019 que se modificó el CTE, y por fin se puso las pilas en materia de eficiencia energética y otros asuntos como energías renovables o gestión del radón en viviendas.
En la construcción, como en otros muchos sectores, el progreso va lento y a trompicones. Por eso yo sigo formándome cada día para estar un paso por delante de lo que vendrá en un futuro.
Ahora ya me conoces un poco más.
Conoces mi lucha por construir casas eficientes y confortables que se conviertan en un hogar para las familias y no en una pesadilla – como desgraciadamente ocurre con frecuencia en este país-.
Mi otra pasión: darte el mejor conocimiento que pueda sobre construcción
Si quieres saber cuáles fueron mis intenciones al crear este sitio web mira aquí.
Si quieres disponer de información más técnica sobre algunos temas constructivos, puedes consultar mi blog profesional y mi canal de Youtube.
Si estás lleno de dudas sobre la situación particular de tu casa y quieres que te prepare una hoja de ruta para reformarla, puedes contratar mi consultoría.
Si estás pensando en construir una casa desde cero y quieres hacerlo bien desde el principio, te puedo asesorar y dar unas pautas para crear el mejor hogar desde mi consultoría online.
Gracias por leerme y mucha salud para vuestro hogar!